ANÓNIMOS/AS EN EL OLVIDO

Miles de personas se comprometen cada día con una causa justa, luchan por lo que creen, trabajan por defender sus ideales y miles de personas cada día empeñan sus esfuerzos en crear, en hacer de su empleo diario un arte para los demás. Inventores/as, innovadores/as, creadores/as, pensadores/as, en definitiva, personas que con más o menos suerte, soñaron un día que podían hacer algo por mejorar la vida de los demás, que podían actuar desde su pequeño rincón del mundo. Algunos/as, seguramente con la certeza de que "algo grande" tenía que pasarles, algunos/as con la tranquilidad que la humildad del trabajo bien hecho, les reportaría. Pero todos ellos, con la duda del reconocimiento volando sobre sus cabezas.

¿Cuántos/as autores/as, luchadores/as, creadores/as hay olvidados/as por el camino? ¿Cuánta gente anónima ha trabajado en asociaciones, partidos políticos, escuelas, empresas, que lo han dejado todo y no han obtenido nada a cambio? Muchas de esas personas seguramente no buscaban "gloria" sencillamente encontrarse mejor, sentirse satisfechas con su forma de pensar y de actuar , pero seguramente muchas de esas personas han encontrado en el olvido de los demás, su peor castigo.

La ignorancia, la envidia, la soberbia, el egoísmo, están detrás del olvido injustificado, porque es un deber de nuestra sociedad reconocer a las personas que han trabajado y trabajan por aportar algo a los demás. No es sólo "Memoria Histórica" es mucho más, es la "Memoria de lo Cotidiano", es la memoria del compañero o la compañera que te dió la mano, de aquellos/as que estaban cuando no había nada e hicieron lo que ahora tú puedes continuar, es el reconocimiento al esfuerzo, al empeño y al riesgo de dejar lo demás, por luchar por algo en lo que un día creíste y para lo que te dedicaste sin descanso.

Pero, no es culpa del olvidado/a, es culpa del engreído/a y del mundo inmediato en el que vivimos. El miedo a que nos hagan sombra, el miedo a que se den cuenta de que alguien lo hizo mejor, o sencillamente la ignorancia más despreocupada, ha hecho en demasiadas ocasiones que muchas de esas personas quedaran perdidas en el pozo de la generosidad. Muchas se fueron a casa sin más, cansadas de topar con muros de ignorancia. Algunas siguieron luchando y perdieron su último aliento en defender su causa. Otras personas más afortunadas, consiguieron estar en los libros de nuestras casas.

A todas ellas, desde aquí, gracias. Porque la sociedad actual no puede permitirse el lujo de perder a nadie por la causa que sea.

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